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Ignacio Molina en Alicante

Ignacio Molina: «Sin competitividad, el modelo social europeo no es sostenible»

El investigador principal del Real Instituto Elcano analiza en el Foro de Debate Económico Germán Bernácer los desafíos de una Europa que ha dejado de ser el centro del mundo y reclama más autonomía estratégica, capacidad de defensa, innovación e inversión para mantener su prosperidad

Europa se enfrenta a una transformación profunda del orden internacional que obliga a replantear buena parte de los fundamentos sobre los que ha construido su prosperidad durante las últimas décadas. El investigador principal del Real Instituto Elcano Ignacio Molina A. de Cienfuegos ha analizado este escenario en Alicante durante su conferencia «¿Qué Europa necesitamos para el mundo que viene?».

El presidente del Foro, José Manuel Belda, en su intervención, ha agradecido el apoyo de la Cátedra Germán Bernácer, de Impulsa Alicante y de Caja Rural Central. Ha destacado la cualificación e impresionante trayectoria de Ignacio Molina, que ha venido a Alicante para pronunciar una “conferencia tan oportuna. Europa afronta uno de esos momentos en los que las decisiones que adoptemos hoy pueden determinar nuestro lugar en el mundo durante las próximas décadas. Un mundo en profunda transformación, con un nuevo equilibrio de poderes, una creciente competencia económica y tecnológica y un escenario internacional en el que Europa debe decidir qué papel quiere desempeñar.

Belda ha subrayado su trabajo en el Real Instituto Elcano, uno de los principales centros españoles de análisis de las relaciones internacionales, donde centra buena parte de su investigación en la política exterior y europea de España, la gobernanza de la Unión Europea y el futuro del proceso de integración.

 

Un escenario internacional exigente

Molina ha dibujado un escenario internacional especialmente exigente para la Unión Europea. El auge de China como rival sistémico, una relación con Estados Unidos cada vez menos previsible, el debilitamiento del multilateralismo y una Rusia que desafía el orden internacional con la guerra de Ucrania configuran, a su juicio, un mundo mucho menos favorable a los intereses europeos.

El investigador ha advertido, sin embargo, contra una lectura exclusivamente negativa de la última década: “Europa ha demostrado capacidad de reacción ante algunas de sus mayores crisis recientes: desde la recuperación económica posterior a la crisis financiera hasta la gestión del Brexit, en la que los Veintisiete mantuvieron su unidad, pasando por la respuesta conjunta a la pandemia mediante las vacunas y los fondos Next Generation o la reacción frente a la invasión rusa de Ucrania”.

 

De la eficiencia a la seguridad económica

Uno de los principales cambios identificados por Molina es el paso de una etapa caracterizada por la globalización y la búsqueda de eficiencia económica a otra en la que adquieren cada vez mayor importancia la seguridad económica, la independencia tecnológica y la resiliencia de las cadenas de suministro.

No estamos -según el planteamiento que expuso durante la conferencia- ante una desaparición de la globalización, sino ante una slowbalization acompañada por un resurgimiento del mercantilismo y de políticas industriales destinadas a proteger sectores estratégicos. Estados Unidos, China y la propia Unión Europea han desarrollado sus respectivas respuestas mediante instrumentos como la Inflation Reduction Act estadounidense, Made in China 2025 o la estrategia europea de autonomía estratégica.

En este contexto, Molina ha expuesto una de las cuestiones centrales de su intervención: ¿puede Europa seguir siendo una potencia económica sin convertirse también en una potencia geopolítica?

Su planteamiento es que difícilmente podrá hacerlo apoyándose exclusivamente en su peso económico. La UE representa cerca del 17% del PIB mundial, pero lleva dos décadas creciendo menos que Estados Unidos y China. Al mismo tiempo, el sistema internacional evoluciona desde la cooperación hacia un escenario con mayor coerción económica, fragmentación y alianzas transaccionales.

Molina ha señalado que “el antiguo modelo europeo, sustentado en buena medida sobre energía rusa barata, acceso al mercado chino y el paraguas de seguridad estadounidense, ya no está disponible en los mismos términos”.

De ahí una de las ideas centrales de la conferencia haya sido: «Sin poder, la interdependencia se convierte en vulnerabilidad». Esa vulnerabilidad ya no se limita al ámbito comercial, sino que alcanza a la defensa, la tecnología, las materias primas críticas y la transición energética.

Autonomía estratégica, pero abierta

Molina ha defendido una mayor autonomía estratégica europea, aunque ha subrayado que debe tratarse de una autonomía «abierta» y no autárquica. Ha señalado que “Europa necesita reducir dependencias críticas sin renunciar al comercio internacional. Esto implica avanzar en las recomendaciones contenidas en el Informe Draghi y, simultáneamente, ampliar las relaciones comerciales y económicas con terceros países”. El investigador ha señalado como ámbitos prioritarios para esa autonomía la defensa, la energía, la tecnología y las materias primas críticas.

El criterio debería centrarse en desarrollar autonomía allí donde una dependencia pueda convertirse en una herramienta de coerción y mantener la apertura en el resto.

La defensa ocupa un lugar especialmente relevante. Europa deberá asumir un mayor esfuerzo propio y Molina considera que el gasto en este ámbito seguirá aumentando incluso si se alcanzara un alto el fuego en Ucrania.

Estados Unidos, socio imprescindible poco fiable

La conferencia también ha abordado la redefinición de las relaciones de Europa con las dos grandes potencias mundiales. Respecto a Estados Unidos, Molina lo ha definido como un socio imprescindible, aunque ya no como un garante incondicional de Europa.

La respuesta europea debería pasar por negociar como bloque, evitar situaciones de subordinación y conservar la cooperación en materia de seguridad mientras Europa desarrolla sus propias capacidades.

Ante China, la propuesta es igualmente pragmática: ni alineamiento ni desacoplamiento completo. La rivalidad entre Washington y Pekín constituye ya el eje central de la competencia mundial, por lo que la UE debería reducir sus dependencias críticas, exigir reciprocidad y diversificar sus relaciones con otras áreas y potencias regionales.

El gran desafío europeo

Molina ha situado la competitividad en el centro de la capacidad europea para preservar su modelo económico y social: «Sin competitividad, el modelo social europeo no es sostenible».

Ha señalado que Europa ha perdido dinamismo respecto a Estados Unidos y se ha quedado rezagada en ámbitos relacionados con la cuarta revolución industrial. La productividad de la UE se sitúa en el 80% de la estadounidense y la brecha de crecimiento se ha ampliado del 15% al 30% durante el primer cuarto de este siglo.

El diagnóstico enlaza directamente con el Informe Draghi, que cifra en alrededor de 800.000 millones de euros anuales, aproximadamente un 5% del PIB europeo, la inversión adicional necesaria para afrontar los retos de competitividad.

Molina también ha señalado la necesidad de conceder un mayor protagonismo al Banco Europeo de Inversiones, desarrollar un auténtico mercado europeo de capitales y fomentar instrumentos que permitan que una mayor parte del ahorro europeo financie inversiones dentro del propio continente. Todo ello deberá hacerse conciliando descarbonización, competitividad y seguridad económica.

Pero el principal obstáculo puede no estar en la falta de diagnósticos, sino en la capacidad para convertirlos en políticas. Un informe del Club de Exportadores e Inversores, de mayo de 2026, afirma que únicamente se habría aplicado en torno al 15% de las 176 propuestas del Informe Draghi.

España tiene una oportunidad

en la recta final de su ponencia Ignacio Molina ha centrado su atención en España. Para él puede desempeñar un papel más activo dentro de la UE precisamente cuando Europa debe decidir si quiere convertirse en un verdadero actor global.

Su relación con América Latina y el sur global, la posición atlántica y mediterránea de España y su peso en energías renovables constituyen activos que pueden contribuir a reforzar la autonomía europea. Seguridad, economía, innovación, transición energética y cooperación al desarrollo aparecen como algunas de las principales ventanas de oportunidad.

Frente a esas fortalezas, Molina ha identificado también obstáculos internos, particularmente la polarización y la debilidad parlamentaria, que, según su análisis, dificultan desarrollar plenamente el potencial de la acción exterior española.

La evolución económica española ofrece asimismo una imagen con claroscuros. España sufrió entre 2008 y 2013 una profunda recesión que interrumpió su anterior proceso de convergencia con Europa. Posteriormente recuperó un crecimiento robusto entre 2014 y 2019 y nuevamente desde 2021, en buena medida apoyado por decisiones adoptadas en el ámbito comunitario. Sin embargo, continúa situada alrededor del 90% de la riqueza media europea, mientras algunos de los nuevos Estados miembros han avanzado mucho más rápidamente en su convergencia.

El programa Next Generation.

La conferencia ha dejado así una idea transversal: Europa conserva importantes fortalezas económicas, institucionales y sociales, pero el entorno que permitió desarrollarlas ha cambiado. Defensa, autonomía estratégica, innovación, competitividad y capacidad de ejecución aparecen como piezas de una misma estrategia para que la Unión Europea pueda preservar su modelo y seguir teniendo influencia en un mundo en el que su peso relativo es menor.

 

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